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ECCLESIA GNOSTICA CRISTIANA

Bienvenidos al Portal Eclesiastico Gnostico

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 El Gnosticismo es la Enseñanza basada en la Gnosis, el conocimiento de la trascendencia logrado por la vía de los recursos internos e intuitivos. Aun cuando  el Gnosticismo de este modo esté basado en la experiencia religiosa personal, es un error asumir que toda esta experiencia sea reconocida por la Gnosis. Es mucho más cercano a la verdad decir que el Gnosticismo expresa una experiencia religiosa específica, una experiencia que no se presta al lenguaje de la teología o la filosofía, pero en cambio es estrechamente afín al mito y se expresa mediante él. Realmente, uno encuentra que muchas de las Escrituras Gnósticas toman la forma de mitos. El término “mito” no ha de ser tomado aquí en el sentido de “historias que no son verdaderas”, sino al contrario, que las verdades incorporadas en estos mitos son de un orden diferente a los dogmas de la teología o las declaraciones de la filosofía.

En el siguiente sumario, trataremos de encerrar en prosa aquello que los mitos Gnósticos expresan en su lenguaje distintivamente poético e imaginativo.

El Cosmos

Todas las tradiciones religiosas reconocen que el mundo es imperfecto. Donde difieren es en las explicaciones que ofrecen para dar razón acerca de estas imperfecciones y en aquello que sugieren debe ser hecho al respecto. Los Gnósticos poseen su propia visión – quizás algo alarmante – de estos asuntos: sostienen que el mundo es imperfecto porque fue creado de forma imperfecta.

Al igual que el Budismo, el Gnosticismo comienza con el reconocimiento fundamental de que la vida terrenal está llena de sufrimiento. Para poder nutrirse, todas las formas de vida se consumen unas a otras, causándose de este modo, dolor, miedo y muerte recíprocamente (aun los animales herbívoros viven gracias a la destrucción de la vida de las plantas.) Además, los llamados desastres naturales – terremotos, inundaciones, incendios, derrumbes, erupciones volcánicas – traen sufrimiento y muerte adicionales en pos de ellos. Los seres humanos, con su compleja fisiología y psicología, se dan cuenta no sólo de estos rasgos dolorosos de la existencia terrenal. Sufren también del común reconocimiento de que ellos son extraños viviendo en un mundo que es imperfecto y absurdo.

Muchas religiones defienden que los humanos han de ser inculpados por las imperfecciones del mundo. Sosteniendo esta opinión, interpretan que el  mito del Génesis declara que las transgresiones cometidas por la primera pareja humana trajeron consigo una “caída” de la creación cuyo resultado es el presente estado corrupto del mundo. Los Gnósticos responden que esta interpretación del mito es falsa. La culpa de las faltas del mundo no corresponde al hombre, sino al creador. Puesto que – especialmente en las religiones monoteístas -- el creador es Dios, esta posición Gnóstica parece blasfema, y con frecuencia es vista con espanto aun por los no creyentes.

Formas de evadir el reconocimiento de la creación imperfecta y su defectuoso creador han sido ideadas repetidas veces, pero ninguno de estos argumentos han impresionado a los Gnósticos. Los antiguos griegos, especialmente los Platonistas, aconsejaban a la gente contemplar la armonía del universo, para que venerando su grandeza pudiesen olvidar sus aflicciones inmediatas. Pero ya que esta armonía aun contiene las crueles imperfecciones, las miserias y la alienación de la existencia, este consejo es considerado de poco valor por los Gnósticos. Aun la idea oriental del Karma no es vista por los Gnósticos como una explicación adecuada de la imperfección de la creación y el sufrimiento. El Karma en el mejor de los casos sólo puede explicar cómo la cadena del sufrimiento y la imperfección trabaja. No nos informa en primer lugar por qué debe existir semejante sistema maligno y lleno de desgracias.

Una vez que pasa el choque inicial de la naturaleza “inusual” o “blasfema” de la explicación Gnóstica para el sufrimiento y la imperfección del mundo, uno puede comenzar a reconocer que de hecho es la más sensata de todas las explicaciones. Para apreciarla completamente, sin embargo, se requiere cierta familiaridad con la concepción Gnóstica de la Divinidad, tanto en su esencia original como el Dios Verdadero como en su manifestación degradada del falso dios creador.

 La Deidad

El concepto Gnóstico de Dios es mucho más sutil que el de la mayoría de las religiones. A su modo, une y reconcilia las confesiones del Monoteísmo y el Politeísmo, así como las del Teísmo, el Deísmo y el Panteísmo.

En la visión Gnóstica, hay un Dios verdadero, primario y trascendente, Quien está más allá de todos los universos creados y que nunca creó ninguna cosa en el sentido en que la palabra “crear” es comprendida ordinariamente. Él (o Ello) “emanó” o hizo brotar de Sí Mismo la sustancia de todo lo que hay en la totalidad de los mundos, visible e invisible. En cierto sentido podemos, por lo tanto, decir que todo es Dios, porque todo está compuesto por la sustancia de Dios. De igual manera, ha de admitirse que muchas porciones de la esencia divina original han sido proyectadas tan lejos de su fuente original que sufrieron cambios dañinos en el proceso. Adorar al cosmos, la naturaleza, o a criaturas encarnadas equivale, por tanto, a adorar las porciones corruptas y alienadas de la esencia divina emanada.

El mito Gnóstico básico posee muchas variantes, pero todas ellas aluden a los Eones, seres deíficos intermedios que existen entre el Dios Verdadero y primordial y nosotros. Ellos, junto con el Dios verdadero, conforman el reino de la Plenitud (Pleroma) en donde la potencia de la divinidad opera plenamente. La Plenitud se halla en contraste con nuestro estado existencial, el cual en comparación puede ser llamado vacío.

Uno de los seres eónicos que lleva el nombre de Sophía (“Sabiduría”) es de gran importancia para la visión Gnóstica del mundo. En el curso de sus viajes, Sophía emanó de su propio ser una conciencia imperfecta, un ser que devino en el creador del cosmos material y psíquico, todo lo cual creó a la imagen de su propia imperfección. Este ser, ignorante de sus orígenes,  creyó ser el Dios primordial y absoluto. Puesto que tomó la ya existente esencia divina y la amoldó bajo diversas formas, es también llamado el Demiurgo o “semihacedor”. Hay una mitad auténtica, un verdadero componente deífico en la creación, pero no es reconocida por el semihacedor ni por sus esbirros, los Arcontes o “gobernadores”.

 El Ser Humano

La naturaleza humana refleja la dualidad encontrada en el mundo: en parte fue hecho por el falso Dios creador y en parte consiste de la luz del Dios Verdadero. La humanidad contiene un componente físico y psíquico perecedero, así como un componente espiritual el cual es un fragmento de la esencia divina. Esta última parte es con frecuencia simbólicamente mencionada como la “chispa divina”. El reconocimiento de esta naturaleza dual del mundo y del ser humano le ha granjeado a la tradición Gnóstica el epíteto de “dualista”.

Los humanos son generalmente ignorantes de la chispa divina residente en ellos. Esta ignorancia es alentada en la naturaleza humana por la influencia del falso creador y sus Arcontes, quienes en conjunto han decidido mantener a  los hombres y mujeres ignorantes de su verdadera naturaleza y destino. Cualquier cosa que nos haga permanecer ligados a las cosas terrenales sirve para mantenernos atados en servidumbre a estos gobernantes cósmicos inferiores. La muerte libera a la chispa divina de su vil prisión, pero si no se ha emprendido un trabajo sustancial de Gnosis por el alma antes de la muerte, probablemente la chispa divina sea arrojada atrás, y entonces sea incorporada de nuevo dentro de los tormentos y la esclavitud del mundo físico.

No todos los humanos son espirituales (pneumáticos) y, de este modo, listos para la Gnosis y la liberación. Algunos están atados a lo terrenal y son materialistas (hílicos), que sólo reconocen la realidad física. Otros viven principalmente en su psique (psíquicos.) Tales personas usualmente confunden al Demiurgo con el Dios Verdadero y poseen poca o ninguna conciencia del mundo espiritual más allá de la materia y la mente.

En el curso de la historia, los humanos progresan desde la esclavitud materialista de los sentidos, por medio de la religiosidad ética, hasta la libertad espiritual y la Gnosis liberadora. Como escribió el erudito G. Quispel: “El espíritu del mundo en el exilio ha de atravesar el Infierno de la materia y el purgatorio de la moral para arribar al Paraíso espiritual.” Esta clase de evolución de la conciencia fue contemplada por los Gnósticos, mucho antes de que el concepto de evolución fuera conocido.

 La Salvación

Las fuerzas evolutivas solas no son suficientes, sin embargo, para hacer efectiva la libertad espiritual. Los humanos se hallan atrapados en una condición constituida por la existencia física combinada con la ignorancia de sus verdaderos orígenes, su naturaleza esencial y su destino final. Para liberarse de esta condición, los seres humanos requieren de ayuda, aunque pueden contribuir también con sus propios esfuerzos.

Desde tiempos primitivos los Mensajeros de Luz se han manifestado provenientes del Dios Verdadero con el propósito de asistir a los humanos en busca de la Gnosis. Sólo algunas de estas figuras salvíficas son mencionadas en las Escrituras Gnósticas; algunas de las más importantes son Seth (el tercer hijo de Adán), Jesús, y el Profeta Mani. La mayoría de los Gnósticos siempre han considerado a Jesús como la principal figura redentora (el Soter.)

Los Gnósticos no buscan la salvación del pecado (original u otro), sino más bien de la ignorancia de la cual el pecado es una consecuencia. La Ignorancia – por la cual queremos decir ignorancia de las realidades espirituales – es dispersada sólo por la Gnosis, y la revelación decisiva de la Gnosis es traída por los Mensajeros de Luz, especialmente por Cristo, el Logos del Dios Verdadero. No es por Su sufrimiento y muerte sino por Su vida de enseñanza y su institución de misterios que Cristo ha ejecutado Su trabajo de salvación.

El concepto Gnóstico de salvación, al igual que otros conceptos Gnósticos, es un concepto sutil. Por un lado, la salvación Gnóstica puede ser fácilmente confundida con una experiencia individual sin mediación, una suerte de proyecto espiritual  hágalo-usted-mismo. Los Gnósticos sostienen que el potencial para la Gnosis, y, por consiguiente, para la salvación está presente en cada hombre y mujer, y que la salvación no es vicaria sino individual. Al mismo tiempo, también reconocen que la Gnosis y la salvación pueden ser, deben ser realmente, estimuladas y facilitadas con el propósito de elevarlas efectivamente en la conciencia. Este estímulo es proporcionado por los Mensajeros de Luz quienes, en adición a sus enseñanzas, establecen misterios salvíficos (sacramentos) que pueden ser administrados por los apóstoles de los Mensajeros y sus sucesores.

Necesitamos recordar también que el conocimiento de nuestra verdadera naturaleza – así como otras realidades asociadas – son apartadas de nosotros por nuestra misma condición de existencia terrenal. El Verdadero Dios de la trascendencia es desconocido en este mundo, de hecho, es con frecuencia llamado el Padre Desconocido. Es así obvio que la revelación proveniente de lo Alto se necesita para efectuar la salvación. La chispa que mora en nosotros ha de ser despertada de su sueño por el conocimiento salvador que viene “de afuera”.

 Conducta

Si las palabras “ética” o “moralidad” son usadas para indicar un sistema de reglas, entonces el Gnosticismo se opone a ambas. Tales sistemas generalmente tienen origen en el Demiurgo y son diseñados encubiertamente para servir sus propósitos. Si, por otro lado, la moralidad se dice que consiste en una integridad interior que surge de la iluminación de la chispa que habita internamente, entonces el Gnóstico abrazará esta ética existencial espiritualmente informada como un ideal.

Para el Gnóstico, los mandamientos y las reglas no son salvíficos;  no son sustancialmente conducentes a la salvación. Las reglas de conducta pueden servir numerosos fines, incluyendo la estructuración de una sociedad ordenada y pacífica, y el mantenimiento de relaciones armoniosas dentro de los diferentes grupos sociales. Las reglas, sin embargo, no son relevantes para la salvación; que es efectuada sólo por medio de la Gnosis. La moralidad, por lo tanto, necesita ser contemplada primariamente en términos temporales y seculares; está siempre sujeta a cambios y modificaciones de acuerdo con el desarrollo espiritual del individuo.

Como se observa en la discusión anterior, los “materialistas hílicos” usualmente muestran poco interés en la moralidad, mientras que los “disciplinarios psíquicos” a menudo le conceden una gran importancia. En contraste, los “pneumáticos espirituales” están generalmente más interesados en otros asuntos, mucho más elevados. Diferentes períodos históricos también requieren diversas actitudes con respecto a la conducta humana. Así, tanto el movimiento Gnóstico Maniqueo como el  Cátaro, que funcionaron en tiempos en los cuales la pureza de conducta era vista como un principio de gran importancia, se ajustaron del mismo modo. El período actual de la cultura occidental quizá recuerde en muchos conceptos a aquel de la Alejandría del segundo o tercer siglo. Parece, por tanto, apropiado que los Gnósticos en nuestra época adopten las actitudes del Gnosticismo clásico alejandrino, en el cual los asuntos de conducta eran principalmente dejados al discernimiento del individuo.

El Gnosticismo abarca numerosas actitudes generales con respecto a la vida, fomenta el desapego y la inconformidad con el mundo, un “estar en el mundo, pero no ser del mundo”; una carencia de egotismo; y un respeto por la libertad y la dignidad de otros seres. No obstante, corresponde a la intuición y la sabiduría de cada “Gnóstico” en particular, extraer de estos principios las pautas individuales para su aplicación personal.

 El Destino

Cuando Confucio fue interrogado acerca de la muerte, respondió: “¿Por qué me preguntáis acerca de la muerte si no sabéis como vivir?”. Esta respuesta podría haber sido dada fácilmente por un Gnóstico. A una pregunta similar planteada en el Evangelio Gnóstico de Tomás, Jesús contestó que los seres humanos han de llegar a conocer por medio de la Gnosis, la realidad divina e inefable de la cual han emanado, y hacia la cual han de regresar. Este conocimiento trascendental ha de venir a ellos mientras se encuentran aun encarnados sobre la tierra.

La muerte no proporciona automáticamente la liberación de la esclavitud en los dominios del Demiurgo. Aquellos que no hayan alcanzado la Gnosis liberadora mientras se encuentran encarnados, se encontrarán atrapados en la existencia una vez más. Es muy probable que esto ocurra por medio del ciclo de los renacimientos. El Gnosticismo no enfatiza la doctrina de la reencarnación en forma relevante, pero se halla implícitamente sobreentendido en muchas enseñanzas Gnósticas que aquellos que no han hecho un contacto efectivo con sus orígenes trascendentales mientras se encuentran en la encarnación, han de retornar a esta condición penosa de la existencia terrenal.

Con respecto a la salvación, o al destino del espíritu y el alma después de la muerte, necesitamos saber la ayuda está disponible. Valentín, el mayor de los instructores Gnósticos, enseñó que Cristo y Sophía esperan al hombre espiritual – el Gnóstico pneumático – a la entrada del Pleroma, y lo ayudan a entrar al tálamo[1] de la reunión final. Ptolomeo, discípulo de Valentín, enseñó que aun aquellos que no pertenecían al estado pneumático: los psíquicos, podían ser redimidos y vivir en un mundo celestial a la entrada del Pleroma. En la plenitud del tiempo, cada ser espiritual recibirá la Gnosis y se unirá con su ser superior – El Gemelo Angélico – cualificándose así para entrar al Pleroma. Nada de esto es posible, sin embargo, sin un diligente esfuerzo para obtener la Gnosis.

 Gnosis y Psique: La Conexión Psicológica del Inconsciente

A través del siglo Veinte la nueva disciplina científica de la psicología del inconsciente ha ganado mucha importancia. Entre los psicólogos del inconsciente que han mostrado un interés pronunciado e instruido en el Gnosticismo, un lugar de señalada distinción pertenece a C. G. Jung. Jung contribuyó llamando la atención hacia la biblioteca de Nag Hammadi de Escritos Gnósticos alrededor de 1950, porque percibió la relevancia psicológica sobresaliente de las percepciones Gnósticas.

El notable erudito del Gnosticismo, G. Filoramo, escribió: “Las reflexiones de Jung han estado absortas por mucho tiempo en el pensamiento de los antiguos Gnósticos a tal punto que los consideraba los descubridores virtuales de la psicología del inconsciente... la antigua Gnosis, no obstante su forma de religión universal, en cierto sentido prefiguró, y al mismo tiempo ayudó a clarificar, la naturaleza de la terapia espiritual Junguiana”. A la luz de tales reconocimientos puede preguntarse: “¿Es el Gnosticismo una religión o una psicología?” La respuesta es que muy bien puede ser ambas cosas.  La mayoría de los mitologemas[2] encontrados en las Escrituras Gnósticas poseen pertinencia y aplicabilidad psicológicas. Por ejemplo, el creador-demiurgo ciego y arrogante posee una estrecha semejanza con el ego humano alienado que ha perdido el contacto con el Ser ontológico. También el mito de Sophía se asemeja estrechamente a la historia de la psique humana que pierde su conexión con el inconsciente colectivo y necesita ser rescatada por el Yo. Analogías de este tipo existen en gran profusión.

Muchas enseñanzas esotéricas han proclamado, “Como es arriba, así es abajo”. Nuestra naturaleza psicológica (el microcosmos) refleja la naturaleza metafísica (el macrocosmos), de este modo, el Gnosticismo puede poseer tanto una autenticidad psicológica como  una religiosa. La psicología Gnóstica y la religión Gnóstica no necesitan excluirse una a la otra, sino que pueden complementarse mutuamente dentro de un orden implícito de totalidad. Los Gnósticos han sostenido siempre que la divinidad es inmanente dentro del espíritu humano, aunque no está limitada a éste. La convergencia de la enseñanza Gnóstica religiosa con la visión psicológica es así perfectamente comprensible en cuanto a principios Gnósticos consagrados por el tiempo.

 Conclusión

Algunos escritores establecen una distinción entre “Gnosis” y “Gnosticismo”. Tales distinciones tan útiles como engañosas. La Gnosis es indudablemente una experiencia basada no en conceptos y preceptos, sino en la sensibilidad del corazón. El Gnosticismo, por otra parte, es la visión del mundo basada en la experiencia de la Gnosis. Por esta razón, en otros idiomas aparte del Inglés, la palabra Gnosis es usada frecuentemente para designar tanto la experiencia como la visión del mundo (die Gnosis en Alemán, la Gnose en Francés.)

En cierto sentido, no hay Gnosis sin Gnosticismo, porque la experiencia de la Gnosis  inevitablemente hace surgir una visión  del mundo dondequiera que  encuentre lugar. La visión del mundo Gnóstica es experimental, se basa en determinada clase de experiencia de la Gnosis. Por esta razón, no habrá de omitir, o diluir, varias partes de la cosmovisión Gnóstica, porque al hacerlo, la visión del mundo no se ajustaría a la experiencia.

La teología ha sido considerada como una envoltura intelectual alrededor del núcleo espiritual de la religión. Si esto es verdadero, entonces es cierto que la mayoría de las religiones están siendo estranguladas y ahogadas por sus envolturas. El Gnosticismo no corre este peligro, porque su visión del mundo se expresa por medio del mito en vez de la teología. Los Mitos, incluyendo los mitos Gnósticos, pueden ser interpretados de diferentes maneras. La trascendencia, la numinosidad, así como los arquetipos psicológicos junto a otros elementos, juegan un importante papel en esta interpretación. Además, tales declaraciones míticas nos dicen profundas verdades que no pueden ser negadas.

El Gnosticismo puede ofrecernos semejantes verdades con gran autoridad, porque habla con la voz de la parte más elevada del ser humano – el espíritu. De este espíritu se ha dicho: “sopla donde quiere”. Esta es entonces la razón por la cual la visión del mundo Gnóstica no ha podido ser exterminada a pesar de los muchos siglos de persecución.

La visión del mundo Gnóstica siempre ha sido oportuna, porque siempre se ajustó del mejor modo al “conocimiento del corazón” que es la verdadera Gnosis. Aun hoy, su oportunidad se incrementa, porque el fin del segundo milenio ha contemplado el deterioro radical de las múltiples ideologías que evadieron las grandes preguntas y respuestas encaradas por el Gnosticismo. La claridad, la franqueza, y la autenticidad de las respuestas Gnósticas a las preguntas de la condición humana no pueden fallar al impresionar y (con el tiempo) convencer. Si sus reacciones ante este sumario han sido de un orden positivo semejante, entonces quizá Usted sea un Gnóstico en sí mismo.

 + Stephan A. Hoeller (Tau Stephanus I, Obispo Gnóstico)